domingo, 3 de marzo de 2013



FEBRERO:
Mi mes favorito, me siento nacionalizada orgullosamente en esta parte del calendario, no soy supersticiosa  o tal vez lo normal como para no quebrar un espejo por hobbie, no creo en el horóscopo, porque no hay mayor oráculo que el propio destino o mayor juez que nuestras propias acciones. Pero el signo que me rige según la astrología me mantiene encantada; me gusta pensar que me entiendo con los peces, que pertenezco de algún modo a su mundo subacuático, que por ende soy parte más que los demás, de las aguas libres, del salubre pero hermoso y majestuoso mar, de los inocentes ríos, las zigzagueantes quebradas y los serenos lagos. Ah! y que hablen de nosotros como románticos y sensibles, eso ya me enamora; tanto como para darme cuenta: que es así, lo siento en carne propia y no puedo renegar  de ello porque aunque duela, a la vez es mi mayor don, me permite sentirme diferente. Pero con eso y todo me hace saber que te fuiste, que te esfumaste con el viento, que claro que me encantan las utopías, pero aunque nunca hubiese sentido tu presencia más que a través de tus letras, para mi eras y eres real. Si fueras un invento, estarías protagonizando un libro, plasmando un deseo insatisfecho, pero no querido amigo, existes y de qué manera, me dueles no con la ironía de las metáforas sino con el corte violento del cuchillo al rasgar la piel. Eres una parte ausente de mi vida, pero inherente a mi ser, podrían haber personas “reales” de esas de carne y hueso sin iniciativa ni emoción, incluso puedo querer conocerlas e intentar amarlas, pero es una deformación de mi verdadero deseo, de vos; existes; no sos un personaje sacado de cuentos infantiles, ni de prototipos sociales, eres mi idealización hecha materia y alma, un soplido de vida de mis dioses oníricos.
Náufrago en tus palabras, me anclo a esas ideas pronunciadas desde mi cabeza en una boca ajena que llama a la propia, eres a la vez el Ulises que recorre el mundo, las sirenas que cantan y la Penélope que espera. Me pierdo en esos laberintos de sueños, que crecen y explotan como flores ante el silencio, pero ahí están sigilosos como  el recuerdo al que me ato, al que puedo volver  sin necesidad de luchas con las manecillas del tiempo. Me remonto a su lectura y cobras vida, estás haciendo historia, mientras yo protagonizo paginas vacías, con muchos antagonistas y sin Aquiles despistados capaces de robar doncellas porque el sentir los obliga. De esos que más que la vanidad los mueven sus deseos, su yo que se revela.
Queriendo escurrirte te vuelves inmortal en el despiste de tus letras. Te tengo, aquí donde dejaste un boceto lleno de pincelazos de tu ser.