FEBRERO:
Mi mes favorito,
me siento nacionalizada orgullosamente en esta parte del calendario, no soy
supersticiosa o tal vez lo normal como
para no quebrar un espejo por hobbie, no creo en el horóscopo, porque no hay
mayor oráculo que el propio destino o mayor juez que nuestras propias acciones.
Pero el signo que me rige según la astrología me mantiene encantada; me gusta
pensar que me entiendo con los peces, que pertenezco de algún modo a su mundo
subacuático, que por ende soy parte más que los demás, de las aguas libres, del
salubre pero hermoso y majestuoso mar, de los inocentes ríos, las zigzagueantes
quebradas y los serenos lagos. Ah! y que hablen de nosotros como románticos y
sensibles, eso ya me enamora; tanto como para darme cuenta: que es así, lo
siento en carne propia y no puedo renegar
de ello porque aunque duela, a la vez es mi mayor don, me permite
sentirme diferente. Pero con eso y todo me hace saber que te fuiste, que te
esfumaste con el viento, que claro que me encantan las utopías, pero aunque
nunca hubiese sentido tu presencia más que a través de tus letras, para mi eras
y eres real. Si fueras un invento, estarías protagonizando un libro, plasmando
un deseo insatisfecho, pero no querido amigo, existes y de qué manera, me
dueles no con la ironía de las metáforas sino con el corte violento del
cuchillo al rasgar la piel. Eres una parte ausente de mi vida, pero inherente a
mi ser, podrían haber personas “reales” de esas de carne y hueso sin iniciativa
ni emoción, incluso puedo querer conocerlas e intentar amarlas, pero es una deformación
de mi verdadero deseo, de vos; existes; no sos un personaje sacado de cuentos
infantiles, ni de prototipos sociales, eres mi idealización hecha materia y
alma, un soplido de vida de mis dioses oníricos.
Náufrago en tus
palabras, me anclo a esas ideas pronunciadas desde mi cabeza en una boca ajena
que llama a la propia, eres a la vez el Ulises que recorre el mundo, las
sirenas que cantan y la Penélope que espera. Me pierdo en esos laberintos de
sueños, que crecen y explotan como flores ante el silencio, pero ahí están
sigilosos como el recuerdo al que me ato,
al que puedo volver sin necesidad de
luchas con las manecillas del tiempo. Me remonto a su lectura y cobras vida,
estás haciendo historia, mientras yo protagonizo paginas vacías, con muchos antagonistas
y sin Aquiles despistados capaces de robar doncellas porque el sentir los
obliga. De esos que más que la vanidad los mueven sus deseos, su yo que se
revela.
Queriendo
escurrirte te vuelves inmortal en el despiste de tus letras. Te tengo, aquí donde
dejaste un boceto lleno de pincelazos de tu ser.
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